Vinos rosados

El vino rosado es un vino tinto con poca maceración de los hollejos de las uvas negras, que son las que poseen el “colorante” junto con el jugo de las mismas, tiñendo el jugo de las mismas.

Por ejemplo, si la maceración de un vino tinto dura 15 días, el vino rosado se macera un día dandole así el color rosado tenue. En algunas etiquetas puede leerse su maceración con inscripciones como “vino de una sola noche”.

Las tonalidades del vino rosado son muchas y sutiles. Dependen de la variedad de la uva, el tiempo de maceración y los deseos del elaborador. Su nombre en francés (rosé) se ha popularizado por lo que podemos encontrar diferentes cepajes para conocer qué tipo de vino rosado vamos a adquirir, como por ejemplo rosé Malbec o rosé Merlot.

Suele haber confusión creyendo que el vino rosado es la mezcla de vino tinto y vino blanco, lo cual es un error. Si bien existen algunos casos como puede ser un Champagne rosado donde el Chardonnay se colorea con algún corte de vino tinto, es una exlusividad de ese Champagne y no de todos.

El vino rosado se lo suele denominar vino difícil porque está lleno de sutilezas en el aroma, el sabor y el color. No es de fuerte intensidad en ninguno de dichos aspectos, sino que cada uno debe ser apreciado básicamente por sus matices.

Suelen utilizarse como aperitivos o para acompañar arroz, pollo o mariscos, pastas o vegetales.  Como referencia, su temperatura debe ser inferior a la de un vino tinto (16/18º) y superior a la de un blanco (8/10º).

Las variedades más comunes para elaborar vino rosado son: Garnacha, Syrah, Cariñena, Tempranillo, Pinot Noir, Cabernet Sauvignon, Merlot o Cinsault.

Vino rosado de corte seco: Es el estilo más común producido en todo el mundo y es típico ver una mezcla de 2 a 3 variedades de uva diferentes. Francia y España lideran su producción.

Vino rosado de corte dulce: son elaborados a partir de Garnacha o Merlot. Cualquier vino rosado puede ser producido con un estilo más dulce de acuerdo a su fermentación.